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29 June

La culpa es de la vaca.

EL ÁRBOL DE MANZANAS 


Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho. 

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: 

—¿Vienes a jugar conmigo? 

Pero el muchacho contestó: 

—Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos. 

—Lo siento —dijo el árbol—. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes. 

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó: 

—¿Vienes a jugar conmigo? 

—No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme? 

—Lo siento —repuso el árbol—. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa. 

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado. 

—¿Vienes a jugar conmigo? —le preguntó. 

—Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo? 

El árbol contestó: 

—Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo: 

—Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó: 

—No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo. 

Entonces el árbol, llorando, le dijo: 

—Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas. 

Y el hombre contestó: 

—No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años... 

—Bueno —dijo el árbol—, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa. 

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas. 

    Esta es la historia de cada uno de nosotros: el árbol son nuestros padres. De niños, los amamos y jugamos con ellos. Cuando crecemos los dejamos solos; regresamos a ellos cuando los necesitamos,

    o cuando estamos en problemas. No importa lo que sea, siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Usted puede pensar que el muchacho es cruel con el árbol, pero ¿ no es así como tratamos a veces a, nuestros padres? 

EL E-MAIL 


Un hombre pierde su trabajo. Luego de buscar varios meses, se entera de que en Microsoft necesitan barrenderos. El gerente de relaciones industriales le pregunta sus datos, lo observa barrer, lo felicita y le dice: "El puesto es suyo. Déme su e-mail, para informarle el día y la hora en que deberá presentarse". 

El hombre; desconsolado, contesta que no tiene e-mail, y el gerente de relaciones industriales le dice que lo lamenta mucho pero que si no tiene e-mail, virtualmente no existe, y que, como no existe, no le puede dar el trabajo. 

El hombre sale desesperado, no sabe qué hacer y sólo tiene $250 en el bolsillo. Entonces decide ir al mercado de abastecimiento de frutas y verduras y compra un cajón de tomates de 10 kg. Se va de casa en casa vendiendo el kilo de tomates a $50. En menos de dos horas ha duplicado su dinero; repite la operación otras tres veces, cena en un pequeño restaurante y vuelve a casa con $150. 

Se da cuenta de que de esa forma puede sobrevivir, y cada día sale más temprano y vuelve más tarde. Así duplica, triplica y hasta cuadriplica el dinero en un solo día. Con un poco de suerte logra comprar una camioneta, que un año después cambia por un camión; a los tres años, ya tiene una pequeña flota de transporte. 

Luego de cinco años, el buen hombre es dueño de una de las principales distribuidoras de alimentos del país. Entonces recibe a un agente de seguros y, al terminar la conversación, este le pide al empresario que le dé su dirección electrónica para enviarle la póliza. El hombre contesta que no tiene e-mail, y el agente le dice: 

—Si usted no tiene e-mail y llegó a construir este imperio, no quiero imaginarme lo que sería si lo tuviera. 

Y el buen hombre replica: -Sería barrendero de Microsoft. 

Moraleja 1. Internet no te soluciona la vida.

Moraleja 2. Si trabajas por tu cuenta y tienes suerte, puedes ser millonario.

Moraleja 3. Si quieres ser barrendero de Microsoft, es mejor tener e-mail.

Corolario. Si este mensaje te llega por e-mail, es muy probable que estés más cerca de ser barrendero de Microsoft que multimillonario. 



27 June

COPOS DE NIEVE

COPOS DE NIEVE

 

Dos pájaros estaban posados sobre una rama durante una nevada, y se pusieron a conversar:

 

—Dime, ¿cuánto pesa un copo de nieve? —le preguntó el pájaro carbonero a la paloma salvaje.

 

—Casi nada —fiíe la respuesta. —En tal caso, antes de irme déjame contar­te una maravillosa historia —replicó el car­bonero—. Al empezar este invierno me posé sobre la rama de un abeto. No era un duro in­vierno, y como no tenía otra cosa que hacer, me puse a contar los copos de nieve que se iban asentando en las ramitas y en las hojas de mi tallo. Su número exacto fue 3.741.952. Cuando el último copo de nieve se depositó sobre la rama, sin que nada pasara, esta se par­tió —dijo el pájaro, y se alejó volando.

 

La paloma estuvo reflexionando un rato sobre esa historia y por fin se dijo:

 

—Quizá sólo haga falta la voz de una per­sona más para que la paz llegue al mundo.

 

Ésta narración de Joseph Jarowski nos sirve para reflexionar sobre el hecho de que el dirigente se compone de una suma de valores y conductas que se acumulan e integran en un todo denomina­do liderazgo hacia el servicio.

El relato es también conveniente para seña­lar que todos podemos, de una manera u otra, construir poco a poco y simultáneamente un líder azgo hacia la paz. Todos los copos suman: los proyectos sociales, los foros sobre la conviven­cia, el "ya no más", las diversas acciones ten­dientes a promover la tolerancia y el desarme de los espíritus, los talleres de solidaridad, las ac­ciones cívicas, las ONGs en lucha por los dere­chos humanos...

Bajo esta nueva perspectiva, sincronizar los ihelos con los medios y las acciones para la paz crear una sinergia de innegable impacto en vida del país.


25 June

Los cien dias del plebeyo

LOS CIEN DÍAS DEL PLEBEYO 

Una bella princesa estaba buscando consorte. Nobles y ricos pretendientes llegaban de todas partes con maravillosos regalos: joyas, tierras, ejércitos, tronos... Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo que no tenía más riquezas que el amor y la perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:

—Princesa, te he amado toda la vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Esa será mi dote. 

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:

  • Tendrás tu oportunidad: si pasas esa prueba, me desposarás.
 

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente permaneció afuera del palacio, soportando el sol, los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente súbdito siguió firme en su empeño sin desfallecer un momento. 

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, que con un noble gesto y una sonrisa aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas, se hicieron apuestas y algunos optimistas comenzaron a planear los festejos. 

Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona salieron a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, pero cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la princesa, el joven se levantó y, sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar donde había permanecido cien días. 

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: 

—¿Qué te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, ¿por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste? 

Con profunda consternación y lágrimas mal disimuladas, el plebeyo contestó en voz baja:

—La princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento, ni siquiera una hora. No merecía mi amor.

    Cuando estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos como prueba de afecto o lealtad, incluso a riesgo de perder nuestra dignidad, merecemos al menos una palabra de comprensión o estímulo. Las personas tienen que hacerse merecedoras del amor que se les ofrece.